Parágrafo 2

Y aquí estoy, de nuevo escribiéndote y contemplándote desde mi pensamiento. Supongo que fue la noche lluviosa la que me hizo recordarte o puede que el café que me tomé hace algunos minutos están seduciendo mi madrugada para que, al caer la lluvia, yo te escriba. Soy consciente que estoy rompiendo aquél doloroso pacto en donde se mencionaba que jamás volvería a dedicarte una noche de insomnio, pero mi nostalgia a veces me traiciona; a veces es como una fuerza que deviene a mi cuerpo y se arropa en el ambiente de ternura y me inspira a extrañarte. Sin embargo, extrañarte es buen motivo para que uno pueda desangrarse definitivamente en un poema. Pero condenado soy yo al no ser poeta porque los poetas se liberan en cada línea, en cada letra, en cada ritmo, en cada suspiro de sus lectores al ser leídos con emotividad y sentimiento. Pero aquí estoy, de nuevo ante mi imaginación y mi creatividad que ha dejado de estar poseída bajo el humo de la mentira, el sabor de la cerveza y la aventura del caos. Debo ser sincero, extrañarte me complace porque hace adentrarme hacía la senda de lo que un día fue conocido, pero también me hace recordar mi dolor que causó tu libertad; que causó tu ambición; que causó tu inteligencia; que me causó tu amor y tu adiós. Pero no te guardo rencor, porque a pesar de que sigo estando contigo en la distancia, me sigues enseñando que a la nostalgia hay tomarla con elocuencia e inspiración.

Para amarte

Para que yo pudiera amarte, nuestra América fue saqueada y colonizada y mis ancestros asesinados; evangelizados. Para que yo pudiera amarte Maquiavelo escribió “El Principe”, William Shakespeare “Hamlet” y Sylvia Plath, “Canción Putesca”. Para que yo pudiera amarte se inventó la política, Lorca murió asesinado y México tuvo una revolución. Para que pudiera amarte Octavio Paz escribió “La estación violenta” y Charles Darwin viajó al Río de la Plata. Para que yo pudiera amarte alguien plantó un cerezo, se cantó un bolero y se inventó el tequila. Para que yo pudiera amarte renuncié a mis miedos, te besé la boca, te hice mi vida. Para que nosotros pudiésemos amarnos, ocurrieron todas las cosas feas y buenas del mundo. Para que yo pudiera amarte el desorden se hizo soledad y tu ausencia mi nostalgia. Para que yo pudiera amarte los poemas se hicieron carta…Sin embargo, nunca jamás en la historia había sido tan cruel, hasta el día de tu despedida.

¿Cómo no te voy a pensar?

¿Cómo no te voy a pensar?, si eres el mejor pensamiento que he sustraído de las trágicas so penas de las tardes de primavera, ¿cómo no te voy a pensar? si te has convertido en el fantasma que rodean mis palabras y mis letras, ¿cómo no te voy a pensar? si desprendes una ilusión exitosa de mis amores fracasados, ¿cómo no te voy a pensar? si te quiero acariciar con el pensamiento, ¿cómo no te voy a pensar?, si cuando imagino tus ojos, se convierten en mi mejor poema, ¿cómo no te voy a pensar? si mi corazón es frágil y tu belleza infinita. Déjame pensarte.

 

Vienes hacia mi

Te fuiste, y ahora vienes hacía mi pidiendo piedad por el daño que me hiciste, te fuiste en el momento que más te amaba, cuándo más te necesitaba, cuándo más te concebía como parte de mí. Ahora vienes hacía mi diciéndome que has aprendido a soñar y compartir; a ser una mujer libre y soñadora, que ahora comprendes mis labios cuando te exclamaban pasión y extrañeza, que ahora después de tanto, el amor te ha defraudado, que la vida es bella si es compartida, que has aprendido que el amor es único, no cuando la calma no te abraza sino cuando se arropa del caos porque así se nutre, se hace fuerte y se hace invencible. Aprendiste a intentar, a nadar bajo el huracán, a sentir de la mierda de la gente que se aprovecha de ti. Y ahora vienes hacía mi porque has aprendido a no dudar.
Yo también camino sin dudar, porque dudar es un instante para sentirse muerto, estoy intentando vivir para poder escribir y plantar un bello jardín en el lugar de la esperanza. Porque a pesar de todo quiero pisar un suelo más natural y más próspero, quiero sentir la pequeña energía de las cosas que dicen vale la pena. Y aunque creo que es un simple discurso trillado, hoy quiero creer en eso.
Quiero creer en la fe y en el alma, quiero pensar que te amé tanto que hoy vale la pena el perdón, quiero pensar que esta realidad no es más que un simple juego programado en una difícil modalidad, quiero creer en mis ídolos, en mis amores muertos, quiero creer tan sólo en una nueva oportunidad.

Lecciones

Aprendí que la soledad habita en la mente, el silencio dice más que las palabras, el amor es una forma de excepción, la cerveza un trago que mata, libera, divierte e inspira, la familia un tesoro preciado, el amigo un agente libre que decide contar contigo, los hijos un proyecto difícil, la escuela un espacio de recreación, los libros un pasatiempo, la música parte de nuestra vida ordinaria, la droga una puta viuda negra, la honestidad un acto que a muchos molesta, la responsabilidad que deviene a la vida sin pedirla, el trabajo una necesidad, la calle un jardín salvaje, la poesía una escaparate a la aventura del sentimiento, el sexo el mejor ejercicio, la ciencia política una falsedad plástica, la filosofía un pensamiento abstracto, que el tiempo libre es un tesoro y que la existencia es como una gran coño esperando a que te la folles.

Escritorio y esperanzas

Y hablando de escritorios, de esos que son menospreciados por pecar, según algunos de no hacer nada, que se afanan sólo por aquellos que hablan desde cuartos aislados, que funcionan como laboratorios estudiando individuos en formas de ratas que hacen política, religión, economía o cultura. Esos escritorios que pecan por mantener a “intelectualoides” observando desde la distancia, apáticos, simplistas, iconoclastas de taburete o poses de dominio académico. Esos escritorios, algunas veces, hacen más que una acción y un discurso; de la misma forma también son espacios de lucha y esperanza.