Amor líquido

¿Cuánto costó nuestro amor? No sería raro, que después de todo me dijeras la cifra casi exacta del dinero que se gastó. ¿Cuánto costó nuestro amor? Los viajes, los hoteles, el vino que degustábamos en la antesala de nuestra pasión, las infinitas llamadas telefónicas en madrugadas ordinarias, los cafés, los libros que nos regalábamos. Son los tiempos en donde el dinero todo lo mide. Así que, nuestro ex-amor no se escapan de sus tenazas. Nuestro amor nos costó mucho dinero, será acaso que por ese motivo, ¿fue bueno?, ¿fue del importante?, tanto que hasta en mis días no te olvido. Sin embargo, en mis tiempos de juventud sigo recordando que era feliz con un cigarrillo en un cuarto compartido. Haciendo el amor a la intemperie entre los pastos y las flores. Era feliz sin hotel, ni casa, ni teléfono. Sin tus lencerías de encaje y jacuzzis. Tenía sólo diecisiete años.

Filosofía

La literatura separó todo lo que pretendía saber de ti. Todo lo que sé de ti, lo he aprendido en libros, en cuartos y charlas. Me conquistaste no por compleja sino por arriesgada. No por recta sino por elocuente. No por abstracta sino por amor a lo que se piensa. Todo lo que sé de ti, se lo debo a la vida, al encierro entre tus palabras y las mías. Tal parece que no te falta nada. Me moriré contigo hasta final.
Filosofía.

Necesidad

La cerveza y la filosofía desde hace algunos años van de la mano conmigo. Ambos han encontrado este modo austero de convocarte. Entre ellos todo es cuestión de distancia, valentía y placer. Si me acerco demasiado a una me emborracho, si lo hago de la misma forma a la otra me intrigo. En una digo tonterías en la otra me obnubilo. Ambas me hacen temblar. Pero si ambas están lejos sufro, me entristezco, me desvelo y entonces escribo poemas mal escritos.

Apetito

La a es la vocal de los manjares. Quién habrá inventado la osadía equivalencia de amar=comer. Seguro una mujer de buena boca y apetito de boa con memoria que te devora. Sólo ellas tienen la capacidad de inventar la tragicomedia de comer, amar y olvidarte.

Pensamiento de insomnio noche nostálgica

Había un viejo retrato detrás de aquel librero de mi alcoba, era casi imposible de moverlo, pues aún estaban resguardadas tus viejas cartas, junto con tus grandes aretes y tu muy deteriorado libro favorito de Plath. Que gracias a tu finito amor me dedicaste tres bellos poemas. De los cuales dos de ellos era casi inevitable de leer en situaciones nocturnas porque atentaban con nuestro romance que se recreaba en la cama en inviernos inhóspitos. Ahora los leo junto con mi amada soledad y me doy cuenta que los poemas no eran tan crueles en comparación a las líneas que me dejabas comúnmente en mis libros abstractos.
Justo como este:
“A mí tampoco me preocupa mi muerte, me preocupa no estar a tu lado; no eres un montón de nada para mi eres la alegría y el deleite de mi vida…
Ahora eres mi amor y simplemente quiero amarte, besarte, construir y soñar junto a ti.
Y no importa si es poco tiempo…

TE AMO

Atte. Tu Graciela J. J”.

Después de tantas noches, uno comprende que, de la misma forma que un intento de poema, también los retratos aniquilan y condenan.

Víctor Hugo.
Pensamiento de insomnio noche nostálgica.

Graciela, amor mio

Graciela, nace, desnuda; desnuda como una niña ciega.
Graciela no tiene alma, no tiene corazón, deambula por doquier hechizada por caminos de terror. Graciela de piel compleja, casi imposible de seducir, no la excitan los piropos, los besos, los penes grandes. Horrorizada con sus ojos de tacto no es amable siempre tocar.
Graciela, desnuda, enamora, palpita, se mueve, roza, te empuja. Sus manos que son como palabras que atacan la luz de la ignorancia, ella sabe que no hay secretos en el terror del silencio. Graciela, desnuda es la noche oscura de los significantes. Mi amor sin sentido.