Ausencia

Buenaventura hubiese sido tu ausencia si tu cuerpo nunca hubiese estado tan cerca del mío, como aquellas noches de amor textual que cubrían tus oídos cuando te recitaba uno de mis poemas sencillos porque no encontraba otra forma de decirte que era enfermo de tu amor complejo, distinto, cálido, único y finito. Si tan sólo tu ausencia me hubiese descrito que el futuro caótico iba a convertirme en un tremendo infeliz, que no encuentra solución a las sonrisas de la vida, soledad al séquito de nuestra muerte, ausencia en el libido de tu suerte, embriaguez de mi asquerosa adicción ordinaria. Tu ausencia, vaya que duele; vaya que lástima; vaya que me inspira; vaya que me maniata y me confunde. Mi pensamiento te proyecta, mis recuerdos me enloquecen, mis besos te buscan, mis lágrimas piden piedad. Pero así es tu ausencia, sin misericordia, ni explicación, sin salida; sin comprensión, amargo, tormentoso, llena de letra, lleno de euforia, lleno de vasos de cerveza: que se tiñe de color oscuro lleno de estrellas pero sin luz. Tu ausencia fue el rubor que me cambió de humor, tu sabor aún lo saboreo, el olor de tu cabello aún me lo imagino. Pero tu ausencia, vaya que me hizo más poeta.
Fuiste tan maravillosa que te hiciste ausencia.

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