Graciela

Te amaba por tu libertad de ser tan tú, Graciela; te amé tanto que hasta tu libertad terminó condenándome. Siempre fuiste tan única que no encuentro a nadie como tú. Ahora estás en mi cerveza, en mis prosas sin rumbo y en mi extrañeza de invierno. Los hombres si lloran, y hay de diversas formas, yo intento desangrarme en un poema. Y lo único que he conseguido es el aprecio de la gente dañada por un lazo que nunca pudo ser pero que quema como nunca. A pesar de eso, sé que andas por ahí caminando sin sentido persiguiendo tus metas. Mientras tanto yo seguiré besándote como nunca desde las antípodas de mi cariño; mi nostalgía.

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