Y uno aprende…

Después de un tiempo uno aprende a ser valiente. Aprende a despedirse sin rencores. Aprende a amar con libertad y con sapiencia. Aprende a escribir sin temor. Aprende a enseñar lo que que la ignorancia no limita. Aprende a perdonar con el olvido. Aprende a valorar los momentos de tranquilidad y convivencia. Aprende que la sinceridad no es un síntoma sino una necesidad. Aprende a decir las cosas con certeza y, algunas veces, con equivocación. Aprende a conformarse con la creatividad y la imaginación de la pluma. Aprende a dejar ir amigos. Aprende a ser fatalista con moderación. Aprende que los libros son un momento y no un desliz para la pedantería. Aprende que la paciencia es una virtud. Aprende que la libertad es un estado mental. Aprende que la amistad siempre acaba. Aprende que el amor duele pero que siempre es necesario. Aprende que la soledad es un estado para la inspiración. Aprende que los tragos matan pero también divierten. Aprende que la vida es un instante. Aprende que la muerte nunca llega, siempre y cuando estés en la memoria de tus queridos. Aprende que es mucho mejor no ser el mejor y hacer las cosas por pasión, por inquietud y por vocación. Aprende que la felicidad es una utopía, Aprende que la nostalgia es una oportunidad. Aprende que las letras no siempre curan. Aprende que los besos no son contratos. Aprende que el sexo no es una simple excitación. Aprende que los abrazos curan el alma. Aprende que la existencia te asfixia y te cambia.
Después de un tiempo uno aprende.

Gente rota

Y uno está rodeado de gente rota. De gente que camina deambulando por el terreno de la amargura. Por las calles de la violencia sin motivo. Por las noches del temor mundano. De la palabra con sentimiento. De la creencia por los dioses inexistentes. Por los tragos que se sinceran cuando se encuentran ebrios. Por la sagacidad de las personas sinceras. Por los motivos de que la esperanza algún día será bondadosa. Por la apariencia fiel de lo material por encima del bienestar colectivo. Por el intelecto de las frases raras. Por el caos del tráfico capitalino. Por las drogas que convierten a los individuos en súper-hombres. Por la marginación de un sueño que nunca que llega. Por el placer del cuerpo torneado. Por la fama que suscitan los puños con guantes rojos. Por el tendero que siempre te fia una cerveza fría. Por los iglesias que nunca resuenan ante el pecado de la incomprensión. Por la adicción que nunca libera…
Y aunque no quisiera nunca más, soy parte de un pequeño trozo de gente rota…

Condenación

No te poseo pero te contemplo, no te miro pero te observo, no existes pero te imagino, deambulas por las calles pero no sé quien eres, juegas en mis fantasías mientras te busco en mis realidades, te hago el amor, pero tu no usas carmín, usas tacones pero tienes alma de guerrera, eres tan transparente porque eres tan digna. Tan natural que te pierdo en el limbo, tan perfecta que no existes, eres tan letra porque me inspiras, tan música porque estás llena de enigmas, tan bella porque te amo, tan fértil que tu nombre es vida, tan ingenua que te apodan política, tan poesía que caminas seduciendo las mentes, tan etérea que contrastas al sol con tu melodía; eres viento, imaginación, esperanza, posesión, pasión, miedo, olvido, insomnio, arte. Tu única anatomía es como la sombra, apareces en las noches, te resguardas en mis libros y apareces en mi cerveza. Pero te pienso, te busco, me condeno.

Mi locura

Mi locura no es ese estadio de informalidad que me ataca por las noches en inviernos de ausencias. Es ese momento infractor que me vulnera cuando más perdido me encuentro. Mientras mi infierno se apodera paulatinamente de mi desfachatez en tragos comunes. Las paredes que me rodean forman siluetas de melancolía que mi razón no despotrica en una solución sensata. Mi sombra por momentos me mata; me aniquila; me hiere y me embriaga cuando se apaga la luz de mi alcoba. Pero es en ese preciso momento, en dónde mi locura y mi inspiración se apodera de mis dedos y mi mente para intentar crear el más terrible de los poemas, el más encantador de los sueños y alcanzar el más mínimo coraje de creación y desencanto.
Me desangro en la locura.

Que no nos haga el amor

Que no nos haga el amor. Porque si el amor nos hace nos tendrá en la eternidad.
Que no nos haga el amor. Porque inútilmente tus besos los necesitaré tanto como el aire, tanto como el agua.
Que no nos haga el amor. Porque insaciablemente buscaré tu cuerpo en días crispados, en noches cortas o momentos idóneos.
Que no nos haga el amor. Porque naturalmente te convertirás en mi llanto, en mi risa, en mi ternura y en mi franqueza.
Que no nos haga el amor. Porque serás la inspiración de tu poeta particular, que tratará de seducirte con la letra, explorarte con el verso, descubrirte con el canto.
Que no nos haga el amor. Porque te convertirás en mi alma, te llevará a toda parte, será todo de mi, sin renunciar a tu libertad, y que inolvidablemente serás todo de aquellos.
…tesoro de mi vida.

Tus piernas

Tus piernas buscan la plenitud. Por eso huyen de cada instante agotado y dejan el rastro de su quemadura. Tus piernas son un espejo que también sueña con duplicarse. Pero yo sólo busco abrirlas en un manantial de sexo sin amor en una tarde sin quejarse. Puede que sea que un hijo de puta que pretende conquistar mujerzuelas de ocasión, pero ni tu eres muy guapa, ni yo soy un borracho. Simplemente no nos merecemos. Pero tus piernas siempre serán mi excitación que interroga mi deseo y deslumbran los colores de mi maldita costumbre de mantenerme solo, ebrio, sin dirección.

Acto bebedor

El maravilloso acto de beber un delicioso vaso de ron. Hielos hasta el tope, un poco de limón que escurra suavemente por el recipiente; 21 segundos de locura de alcohol oscuro, un poco de agua mineral y refresco de aquella marca de etiqueta roja. Agitar con cuidado. Prender un cigarro suicida y exhalar suavemente hasta que el trago se apodere de tu mente.