Mudo

No sé decirte ni expresarte que tan hermosa eres para mis ojos. Mi lenguaje se convierte en un modo austero de convocarte en medio de grandes rascacielos y cielos sin estrellas. De ahí mi obsesión incesante de escribirte poesía, de llamarte en mi estado de ebriedad o de echarte de manos cuándo más radiante se vislumbran tus labios siempre listos para besar y para no ser besados. Demuestras tu grandeza ante un hombre que pide piedad y amor en mujeres desconocidas. Y a pesar de eso, espero una luz de esperanza para que mis palabras te motiven y te des cuenta que mi corazón está ansioso de decirte bienvenida.

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