Te fuiste

Te fuiste, y ahora vienes hacía mi pidiendo piedad por el daño que me hiciste, te fuiste en el momento que más te amaba, cuando más te necesitaba, cuando más te concebía como parte de mí. Ahora vienes hacía mi diciéndome que has aprendido a soñar y compartir, a ser una mujer libre y soñadora, que ahora comprendes mis labios cuando te exclamaban pasión y extrañeza, que ahora después de tanto, el amor te ha defraudado, que la vida es bella si es compartida, que has aprendido que el amor es único, no cuando está con la calma sino cuando se arropa del caos porque así se nutre, se hace fuerte y se hace invencible. Aprendiste a intentar, a nadar bajo el huracán, a sentir de la mierda de la gente que se aprovecha de ti. Y ahora vienes hacía mi porque has aprendido a no dudar.
Yo también camino sin dudar, porque dudar es un instante para sentirse muerto, estoy intentando vivir para poder escribir y plantar un bello jardín en el lugar de la esperanza. Porque a pesar de todo quiero pisar un suelo más natural y más próspero, quiero sentir la pequeña energía de las cosas que dicen vale la pena. Y aunque creo que eso es un discurso trillado, hoy quiero creer en eso.
Quiero creer en la fe y en el alma, quiero pensar que te amé tanto que hoy vale la pena el perdón, quiero pensar que esta realidad no es más que simple juego programado en una difícil modalidad, quiero creer en mis ídolos, en mis amores muertos, quiero creer tan sólo en una nueva oportunidad.

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