Pensamiento de insomnio, noche dos

Y aquí estoy, de nuevo escribiéndote y contemplándote desde mi pensamiento. Supongo que fue la noche lluviosa la que me hizo recordarte o puede que el café que me tomé hace algunos minutos están seduciendo mi madrugada para que, al caer la lluvia, yo te escriba. Soy consciente que estoy rompiendo aquel doloroso pacto en donde se mencionaba que jamás volvería a dedicarte una noche de insomnio, pero mi nostalgia a veces me traiciona; a veces es como una fuerza que deviene a mi cuerpo y se arropa en el ambiente de ternura y me inspira a extrañarte. Sin embargo, extrañarte es buen motivo para que uno pueda desangrarse definitivamente en un poema. Pero condenado soy yo al no ser poeta porque los poetas se liberan en cada línea, en cada letra, en cada ritmo, en cada suspiro de sus lectores al ser leídos con emotividad y sentimiento. Pero aquí estoy, de nuevo ante mi imaginación y mi creatividad que ha dejado de estar poseída bajo el humo de la mentira, el sabor de la cerveza y la aventura del caos. Debo ser sincero, extrañarte me complace porque hace adentrarme hacía la senda de lo que un día fue conocido, pero también me hace recordar mi dolor que causó tu libertad; que causó tu ambición; que causó tu inteligencia; que me causó tu amor y tu adiós. Pero no te guardo rencor, porque a pesar de que sigo estando contigo en la distancia, me sigues enseñando que a la nostalgia hay tomarla con elocuencia e inspiración.

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