Enemigo de la cordura

Nunca he sido amigo de la cordura. Las pocas veces que me comporté bajo su estadio; el caos devino hacía mi y me dio un golpe fulminante que casi me dejó herido, y que aún, definitivamente no he podido recuperarme. Desde ese momento decidí jamás conducirme bajo ese camino. La cordura me quitó el amor, me quitó mis sueños, me quitó mi ambición, me quitó mis esperanzas, me quitó mi esencia, me quitó mi destreza y mi desinterés por las cosas pasajeras. La maldita cordura hizo que me convirtiera en un individuo pasivo de las almas, a medir mi entrega bajo el beneficio de los sentidos y placeres, me convirtió en aquél individuo importante que hoy pocos admiran; me hizo más persona y menos humano. Pero esta noche, es una oportunidad para cambiar pues mientras haya letra y entusiasmo puedo cambiarlo; con tan sólo una pluma y un sentimiento de inspiración. Nunca más me fiaré de la cordura, porque maniata mi locura, me hace más aceptable y más vulnerable a las cosas que no siempre valen la pena.

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